Power PointPower point nos hace estúpidos, perfectamente insustanciales e irreprochablemente adaptados. Cada vez que me proyectan algo en power point me siento como un cordero débil al que le quieren hacer ingerir algo. Entonces me pongo a pensar en cómo era la vida en los ojos del niño que era yo. O lo mezclo. Lo mezclo con cuando veo la televisión y escucho a todos esos que salen por la televisión, a los periodistas, a los ministros, a los analistas, a los diputados, a los economistas, a los líderes de lo que sea, a los que pontifican y filtran y analizan, a los que dicen saber y aparentan saber qué es lo que ocurre, qué es lo que pasa, qué es lo que pasa. Y entonces me pregunto, los veo, los escucho, les presto bastante atención y me pregunto: ¿Son ellos quienes van a construir un futuro que merezca la pena ser vivido o es que el hombre es un zombi para el hombre? Cómo me gustaría mover unas palancas y que la vida pudiera irse un poco patrás. A cuando yo era joven, sin power point, sin gente que habla tanto.