
Oráculo de nadie
"Algún día contarán los anales que a comienzos del siglo XXI la cultura se desacreditó a sí misma en una especie de actitud fracasada y servil frente a la mercadotecnia y el dinero y vivió de ese zumo convencional y gregario que agrada a todo el mundo, pero que no alumbra nada y suele funcionar con los mismos mecanismos con los que la sumisión crea súbditos. Algún día, las crónicas sobre nuestro mundo actual dirán que la Literatura fue un arte sin público que perdió esa inmortalidad, ese sentido místico, esa capacidad de salvación personal que tuvo alguna vez en remotos pasados sin urgencias y que ni siquiera los mismos escritores, los editores, los críticos literarios y toda esa gente que conoce y ve la corrupción de las cosas, supieron ni quisieron hacer nada por ello. Algún día, las metáforas mediáticas dirán también que la gran casa de la Literatura estaba llena de huéspedes, repleta de aprovechados del “Hecho” que formaban grupitos y entraban y salían a una fiesta continua en la que sólo había la impostura. Dirán que hubo un tiempo en que todos los tesoros posibles estaban localizados en los parqués de la Bolsa, en los platós de televisión, en los ordenadores y en los bares. Dirán que durante un gran paréntesis intersecular se perdieron las fábulas sagradas y los mitos sagrados y las islas desiertas, y dirán también que la luz que debía iluminar los mapas que llevaban hasta la imaginación, el conocimiento y la Verdad, era una luz ausente y desgastada".
(Palabras que escribí hace cinco años para el "propósito editorial" de Ediciones Gollarín)