Habitación del éter Un día te despiertas sin tu sitio en el éter, sin la sed de besarnos en medio de las cosas y dices: “He aquí mi magnífico reloj de mierda. He aquí el rápido desvalimiento de mi vida” De tu vida imperfecta, tan igual de imperfecta como una madre negra sentada en la cocina muy estrecha tocándose el cabello y embarazada de su quinto hijo, o poniendo rosas muy negras en los jarrones con lágrimas en los ojos, o como esas otras madres británicas que tienen cara de llamarse Mildred o apodarse La Cabra… Y entonces te preguntas: ¿De qué sueño terrible he despertado? Y entonces te das cuenta de que no te importan los barcos sin rumbo de que no te importan los músculos del brazo ni los faros halógenos de los coches mercedes ni los hijos tarados en mitad de una fiesta ni lo que vino después del cine de Visconti. No te importa ni la belleza de las mezquitas de Burkina Fasso y ahora estás ahí sin tu sitio en éter, fumando tabaco rubio por compasión en una de esas capitales europeas donde existe la náusea y andas por los hoteles y los bares vacío de palabras con tus ojos tapiados por la ausencia y sordo como si vivieras en la bodega de un barco muy hundido y sólo te importasen los ojos de los peces, los hijoputas ojos de los peces que acabarán comiéndote, sentado bajo el agua como una reina muerta que aún ocupa su trono, que aún ocupa su trono.
Existir en la luz ¿Así que el Tiempo es esto: un animal sin ira que se espesa en nosotros o estar quieta la luz en los ojos de un lobo, esta lluvia en los claustros, leer cosas de Persia y que no ocurra nada en el ámbar del mundo? ¿Y el tiempo es también esto: la belleza de una úlcera y los grandes letreros de la publicidad, el vacío entre las ramas o un ajedrez azul enterrado en la niebla? El Tiempo, siempre el Tiempo, esta tensión perfecta sin insectos cansados y la sangre que insiste como un buey en las venas. Siglos: Hienas dormidas donde la sed no existe. El Tiempo, todo esto, el mar en las cocheras, los hangares con aves, música de Paul Anka mientras tiembla la noche y alguien besa los pómulos de las muchachas muertas. ¡Salvad el corazón! ¡Sabed que el tiempo es esto: claveles que se helaron, morir de no vivirnos, nacer en la hemorragia, ser verdad un tsunami, ser feliz una tarde, amar y ser amado, existir en la luz, deshacerse en la sangre nuestra sangre.
( De Instrucciones para reiniciar un cerebro, Premio de poesía Leonor 2010)