Lo que al vivir se olvida
Debiéndole palabras a la vida
"Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí".
William Shakespeare
Uno se queda siempre debiéndole palabras a la vida,
sin alcanzar jamás
el corazón caliente de su espanto,
la carnívora llama que duerme entre sus rosas
donde late la espuma de todo el Universo
o ansiosos filamentos
arrancados con prisa a los relámpagos.
Todo es tan verdad
que uno se queda siempre
sintiendo ese vacío que a la vez lo es todo,
- Martes dorado y triste sintiendo ese vacío que a la vez lo es todo
o esta idéntica niebla sobre el ámbar del mundo-.
Todo es tan verdad
que uno se queda siempre
intentando decir lo amado y lo perdido
o “ese largo destino de mirarnos las manos hasta envejecer”.
Tenemos poco tiempo
y esto es sólo una vez:
El extraño latido que abarca el sentimiento,
su vigilia de aullido tatuado en carne viva.
Es arañar la vida.
Es vivir en un ser como tiemblan los pájaros de noche.
Es un combate a muerte con la muerte.
Es esta espuma azul en mi cabeza
y las sílabas ebrias de un código perdido
y ese deseo que a veces
nos escarba la sangre como un topo de angustia.
Todo es tan verdad.
Todo es siempre lo mismo.
La distancia se pierde si no existen caminos que medir
o el infinito afán de los senderos.
Y el corazón aprende las leyes del temblor,
sabe que Dios es siempre
cada fragmento roto de este inmenso silencio que tragamos.
Ah, las manos cortadas,
Ah, la dicha arrancada de los ojos de un niño
Ah, las cosas, las cosas, las cosas que derraman
un caldero de estrellas sobre los corazones de la gente.
Hay una luz dorada.
Hay una casa ardiendo.
Hay el sabor de un beso
en la blanca memoria de una bestia.
Sólo silencio y llagas.
Vivimos en las huellas de un animal cansado.
Amamos el dolor de existir los destinos.
Se nos llena de lluvia y afasia la congoja.
Y el porvenir es sólo un ataúd de escarcha
encerrando un vacío semejante a la culpa.
Todo es para siempre.
Todo es tan verdad
como el cabello rubio de un niño delicado
o esas arrugas tristes y tan quietas
que hay en los trajes limpios de los muertos.
Yo vivía en un ser.
Yo le debo palabras a la vida
¿Qué quedó en los espejos
del fuego en el que ardimos
cuando el liquen azul de nuestros sueños?
Todo ocurre a la vez
y es para siempre que seremos solos.
(Del libro "Eternidad de los momentos". Premio de poesía Bienal de León. Colección PROVINCIA)
