Omnisciencia I
¡Qué antiguo es todo!: Tener un blog, facebook, Madonna, la corrupción, el escándalo, decir: poner en valor, la angustia vital, Rubalcaba, Rajoy, las “máquinas de hierro que siguen existiendo y obedecen a los bits sin peso”, los periódicos, las novelas, la filosofía, Ian Gibson, las fichas para evaluar la acogida a padres en los institutos o las hojas para evaluar las habitaciones de hotel que te dejan encima del minibar junto a un caramelo, las conferencias, los recitales, la basura abominable de la mercadotecnia… Algo nos devora como Saturno a sus hijos. No sé exactamente lo que es, pero algo lo está devorando todo. Las cosas se desposeen de su importancia y su vigencia de un día para otro, de un verano a otro, de un minuto a otro. Hay una melancolía de la extinción de las ideas y de los valores propagándose por las grandes ciudades. Los pueblos resisten, aún conservan cosas auténticas y profundas, cosas que escapan de la grotesca simpleza que lo invade todo. Las personas estamos pasando a ser “datos con piernas” y “El Estado es una máquina de mediocridad”. Ni tan siquiera se sedimenta lo que ocurre. Algunas personas empiezan a tener cara de vivir en un cuadro de Munch. Llevan razón estos versos de Almudena Guzmán: “El tiempo ronca y no te deja dormir./ Tocas el mundo y es una raspa de pescado”. “Vivimos en una calle en cuesta como Sísifo”. Sin embargo todos tenemos aún la soledad, la locura y el amor. Y eso nos salva un poco.
¡Qué antiguo es todo!: Tener un blog, facebook, Madonna, la corrupción, el escándalo, decir: poner en valor, la angustia vital, Rubalcaba, Rajoy, las “máquinas de hierro que siguen existiendo y obedecen a los bits sin peso”, los periódicos, las novelas, la filosofía, Ian Gibson, las fichas para evaluar la acogida a padres en los institutos o las hojas para evaluar las habitaciones de hotel que te dejan encima del minibar junto a un caramelo, las conferencias, los recitales, la basura abominable de la mercadotecnia… Algo nos devora como Saturno a sus hijos. No sé exactamente lo que es, pero algo lo está devorando todo. Las cosas se desposeen de su importancia y su vigencia de un día para otro, de un verano a otro, de un minuto a otro. Hay una melancolía de la extinción de las ideas y de los valores propagándose por las grandes ciudades. Los pueblos resisten, aún conservan cosas auténticas y profundas, cosas que escapan de la grotesca simpleza que lo invade todo. Las personas estamos pasando a ser “datos con piernas” y “El Estado es una máquina de mediocridad”. Ni tan siquiera se sedimenta lo que ocurre. Algunas personas empiezan a tener cara de vivir en un cuadro de Munch. Llevan razón estos versos de Almudena Guzmán: “El tiempo ronca y no te deja dormir./ Tocas el mundo y es una raspa de pescado”. “Vivimos en una calle en cuesta como Sísifo”. Sin embargo todos tenemos aún la soledad, la locura y el amor. Y eso nos salva un poco.
